Intacto

A Miguelone

 Puedo afirmar con rotundidad que hasta ahora la fortuna me ha premiado en salud todo lo que me ha escatimado en amor y dinero. Y ello pese a que no me ahorro envilecer mi cuerpo con cualquier estrago no saludable que se precie, en contraposición con la mala suerte de algún amigo que se tiene que cuidar tanto como para hurtarse hasta una inocente cerveza. Aunque en esto no lo puedo compadecer mucho dado mi desapego cervecero, si hay que beber una bebida de menos de 40 grados me quedo con la Fanta, proclamo. Con todo, aún se me puede catalogar como un enemigo suyo moderado, ya que soy capaz de pegar a una cerveza un par de tragos compromisarios, peor es lo de otro amigo, Javi, que se niega totalmente a probarla pregonando que él no bebe orín de burro.

Menos mal que mi alimentación ha mejorado en los últimos meses aunque sea por no del todo encomiables circunstancias, que también me han permitido dejar atrás las cenas a las 12 de la noche o las comidas a las cinco de la tarde emblemáticas del prensarnosismo, tan engolfador en menús king ahorro del Burger king o en los de 6 pavos del Pizza Hut, o ya rumbo al Nadir en cenas de frutos secos, patatas fritas, cañas de chocolate y hasta de gusanitos o triskis. Degeneración en la que, siendo francos, tenemos que reconocer que algo ponía de su parte el que os escribe que bajo ningún concepto probaba ni prueba verduras, legumbres, embutidos, guisos o  frutas. Incluso, en confianza, cayendo muy bajo me puedo llegar a permitir boutades como calificar al jamón de chicle salado o afirmar que no tomo vegetales por qué no soy una cabra para andar comiendo plantas (ya sé que a más de un lector al leer esto le darán ganas de darme una hostia a mí y si pueden ser dos otra al del orín de burro).

Muy amigo de practicar deporte tampoco soy, como acredita que la últimas zapatillas deportivas que he utilizado ya las tuviese a los 14 años, circunstancia que se ha traducido en una inutilidad manifiesta para, por ejemplo, jugar al fútbol como bien demostré en los partidos veraniegos que organizábamos con los becarios del periódico. De hecho, hicimos un desafío chicos contra chicas y lo único que les impidió a éstas obtener la victoria en un reñido partido fue que yo jugaba con ellas, aunque en mi descargo podría aducir que estaba con la moral por los suelos por el oprobio de  tener que escuchar como me llamaba reiteradamente “nenaza” una criatura de 18 años con cepos en los dientes. Dos cosas más llamaron mucho la atención de mis andanzas en el partido, una  que acabase con la camiseta inmaculada (prueba de que si fuese tenista sería más Federer que Nadal) y la otra que me clavase un pito cuando aún no había sido capaz de domar el último resuello, asombro ante el que yo aduje que más se deja uno el alma al echar un polvo y el cigarro de después resulta canónico. Argumentación peregrina que también incluía la pretensión imposible de ganar algo del prestigio presidiario perdido entre el Becariato después de la exhibición de mis dotes futbolísticas.

Para colmo de asedios a mi organismo, soy incapaz de decirle que no a un cigarro, a un cubata y a siete cafés venenosos de la máquina más abyecta, escudándome en la vana fortificación de que el último reconocimiento médico que me hice, a los 30 años, me salió perfecto, intacto, lo que me instaló en la convicción de que durante las siguientes tres décadas tenía que hacer lo mismo que me había dado tan buenos resultados. Aunque me temo que voy a tener que romper el propósito por qué últimamente me merodean más de la cuenta toses asesinas y ardores, quizás sea solo sugestión o el miedo a que tenga que empezar a purgar mis crímenes y pecados, a lo peor estoy perdiendo la sensación de invulnerabilidad física, ésa que solo tienen los jóvenes.

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4 responses to “Intacto

  • Mam

    ¿Intacto? Me sorprende el título. Supongo que habrá que leer entre líneas porque, desde luego, con la RAE comparte poco su significado. Me ha gustado. Es raro encontrar reflejo en otra persona, tan poco políticamente correcta y ácido sentido del humor.

    • Víctor Ramón

      Lo de intacto es una aspiracion mas que otra cosa,tambien tengo que confesar que lo de poner titulos no es lo mio. Me alegro de que le haya gustado(disculpe la ausencia de tildes le respndo desde un movil)

      • Mam

        Lo importante de un título es dar qué pensar (al menos para mí). Queda disculpado. Yo siempre me paso de tildes ante la duda o sin ella.

      • Víctor Ramón

        Totalmente de acuerdo en lo de los títulos aunque no es un arte fácil, jeje, un saludo y gracias por leerme¡

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