Faltarán opios

Empezar el día golpeando el ayuno nocturno con un café de cafetera bien cargado  y sin azúcar, deliciosa y simbólicamente amargo, maridarlo con un cigarro Fortuna y aguardar a la particular descomposición subsiguiente. Fisiológica certidumbre que contrasta con las imprevisibles vueltas de tuerca de  la descomposición general circundante, pregonada de buena mañana por  radios, diarios digitales, Twitter, mar y aire a los valientes que aún se atreven a sintonizar o conectarse a desprecio de su paz de espíritu.

Tanto los arrojados que aún integran en sus ritos iniciáticos mañaneros leer o escuchar noticias como aquellos que desearían que les indujesen una analgésica privación sensorial  a efectos informativos, han de afrontar después en el mejor de los casos una peregrinación diaria a unos curros que si en aquella supuesta Edad de Oro nunca fueron unos remansos de paz, felicidad y generosas remuneraciones, ahora sí que suelen ser todo lo contrario. Mientras que en el peor de los supuestos, estarán con los que formamos parte de la marea creciente de merodeadores de portales de empleo, enviando millones de currículums al éter del ciberespacio, aunque podría ser peor forestalmente hablando si no existiese Internet y los millones de parados hubiesen de presentar sus bagajes laborales en papel impreso cada vez que optasen a una “oferta de trabajo”, entre esto y el fuego recalificador no quedaría ya un árbol.

Y cuerpo a tierra que vienen nuestros gobernantes, los de antes y los de ahora, españoles y europeos, merecedores de un juicio de Nuremberg o al menos del escarnio de una cena de idiotas por su negligencia en manejar Matrix, totalmente fuera de control, como se obstina en hacernos ver a través del comportamiento impredecible de primas de riesgo, bonos y demás flagelos suyos. Entre los azotes se encuentra una dirigente alemana hija de la RDA y del luteranismo (tremendo combo) que aún no está convencida del todo de dejar de recetarnos una austeridad que a este ritmo destruirá el capitalismo mundial antes de que acabe el año. Obstinación en el error que a uno le hace preguntarse sí no será en realidad una agente de la STASI  programada en su juventud para destructivos menesteres en occidente. Demos o no pábulo a la teoría conspiranoica, a estas alturas nadie podrá discutir que los hermanos Marx hubiesen sido igual de eficaces dirigiendo Europa y desde luego infinitamente más graciosos (la apoteosis sería los hermanos Marx aplicando las ideas de Karl Marx).

Ante semejante devastación se precisan muchos instrumentos de evasión, incluyendo desde circos inocuos como eurocopas, juegos olímpicos y similares hasta drogas duras televisivas como Quien Quiere Casarse con mi Hijo o Granjero Busca Esposa (debería de poder degustarse otra vez el néctar de esa amapola de un día que fue Confianza Ciega), pasando por la no menos opiácea diarrea de tuits de la flor y nata de la gallofa tuitera. Y esto por hablar sólo de estupefacientes metafóricos,  considerando que hubo no pocos soldados soviéticos que necesitaron beber en Berlín disolventes industriales en su búsqueda de algo alcohólico con lo que festejar una victoria y sobre todo una supervivencia (tirada por la borda después con los bebedizos que se administraron), que no precisaremos nosotros para hacer llevadero este hundimiento, cuando ya no den abasto las farlopas habrá revolución, o al menos una cacerolada.

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