Réquiem por Ítaca

A Fernando, azteca en Ítaca

En tiempos de cierres de empresas, despidos a cascoporro y paro en sangre, igual resulta un poco frívolo lamentar que chape un bar (a menos que uno sea su dueño o trabaje en él), pero me vais a tener que disculpar la incursión en un drama menor, como bien sabéis aun tiendo más a la comedia y si acaso a la tragicomedia, aunque ésta última, más que buscarla, me persiga ella a mí.

El otro día me enteré que cerraba el Ítaca, por el momento se desconoce si van abrir en su lugar una nueva franquicia de yogurt helado (que a este ritmo exponencial de crecimiento van a dejar en una broma inocua la burbuja inmobiliaria). En principio, dos aspectos obstaculizarían semejante pretensión. Primero, uno prosaico, la imposibilidad de enclavar una terraza dada las estrechez de la acera. El segundo inconveniente tendría connotaciones más esotéricas, ya que la ubicación del Ítaca se encuentra fuera del espacio consagrado de la Plaza de Santo Domingo, en el que se han de instalar todas y cada una de las franquicias de yogurt helado por un arcano velado a los no iniciados, nebuloso mandato oculto de ángel exterminador, misterioso deux ex maquina o como queramos llamarlo, que a lo peor tiene una explicación más pedestrona, localizable en nuestra peculiar manera de entender el comercio y la innovación: copiar lo que funciona y en el mismo sitio que funciona.

La extinción del Ítaca me remite a fatalismos gruesos como el que sentencia que todos lo lugares que te gusten desaparecerán o se degradarán, peor era aquella frase de El Club de la Lucha que lapidaba “todas las personas que ames en tú vida te rechazarán o morirán” (y también se degradarán, al menos físicamente). Tampoco es que estuviese todos los días allí metido, pero uno no siempre precisa de los oasis, le basta con saber que están allí y éste no tenía precio como aliviadero frente a la omnipresencia de la Murcia única, conservadora (también cuando votaba socialista),complacida, pequeña e irrelevante, ya dijo Paco Rabal que había sido “todo lo feliz que un murciano puede llegar a ser”. Esa misma Murcia en la que en alguna zapatería se han llegado a ver en su escaparate libros como pedestales de zapatos, o bares que usaban como atrezzo librerías de libros huecos, tristes como espantapájaros de cartón, aunque siempre nos quedará el consuelo de que el Ítaca aguantó más que aquella plaga de ‘Lounge Bar’ que proliferó hace unos años, alguno de ellos con frase de García Márquez en frontispicio, casi todos con su par de máquinas tragaperras.

Ignoro las causas concretas del cierre aunque me las imagine, las últimas veces que fui allí en hora punta lo había colonizado la chavalería de instituto, que si históricamente apenas ha tenido ni para pipas figurémonos ahora, por mucho que entre los nuevos itacenses hubiese algunos rebeldes infiltrados de colegios privados. Ahora tendrán que buscarse sitios más asépticos, propuestas sin sustancia bajo palio de de modernez cool no les faltarán, si echaran de menos un camarero que les ponga “me cago en el amor” de Tonino Caratone porque quiera cerrar y ellos estén enfrascados en arrumacos adolescentes, dudo también que encuentren en otro sitio la estampa heterodoxa de un par de tipos reconcentrados en una partida de ajedrez a las dos de la mañana. Murcia va de gris y tú ibas de rojo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: