El hombre que buscando un mechero se topó con un universo

Los fumadores sabemos cosas, como por ejemplo que en cuestión de mecheros fuera de los clippers todo es morralla. Tampoco es que éstos acumulen unas reservas de gas argelinas ni sean un prodigio de resistencia a la obsolescencia. Aunque admite quien esto escribe mientras fuma como un descosido, que un mechero en sus fauces suele andar bastante exigido, vulnerable y propenso al extravío.

Conocemos la poca fiabilidad de los mecheros que hacen click y lo recomendables que son los de piedra, pese a que alguno nos haya amagado con brotar un incipiente callo en el pulgar. Los destrozones y ‘pierde cosas’ agradecemos también que se pasase de moda el Zippo, ese regalo tan típico de las novias noventeras, cuyo olor a gasolina (el de los mecheros se entiende) repelía a la mayoría y nos gustaba a los que somos de enganche fácil a lo que sea.

Cuando casca el último mechero en circunstancias especialmente inoportunas, como estando solos en la playa o en casa a la hora de la siesta o, más dramáticamente todavía, de madrugada, resultan muy instructivas sobre las servidumbres de la naturaleza humana las escenas de removimiento de Roma con Santiago: volteo de cojines, corrimiento de mesas, rastreo apache de suelos, registro vehemente de cazadoras invernales, en una búsqueda del fuego que roza la épica prehistórica, sobre todo si tampoco se dispone de cerillas o el clásico pistolón de cocina, o fallan también birlibirloques como intentar que prenda la llama mediante la conjunción de la chispa de un mechero con el gas de otro.

De todos es conocida la existencia de una misteriosa dimensión donde aparecen y desaparecen los mecheros, que tiene hasta páginas dedicadas en Facebook, lo que sí estoy en condiciones de avanzar en absoluta primicia es que ésta fue hallada por un amigo en su sofá, de cuyas partes recónditas extrajo un total de, agarraos bien, ¡27 mecheros! Además de un DNI mío y tres o cuatro virginidades (cobradas por su hermano). Y esto se trató tan solo de una primera exploración. En otra más reciente han emergido otros 17 mecheros, un tesoro en monedas, una linterna, un lápiz de color marrón, un protector labial y unos calzoncillos.

Después de dar noticia sobre el descubrimiento de semejante singularidad cósmica, ya  me eclipso no sin antes dar testimonio gráfico de parte de los mecheros incautados en la última incursión de mi amigo en el agujero negro:

 

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Foto by mi amigo del polvorín sobre el que se derramaba  cada vez que se tumbaba en el sofá

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